Aventura en Sudáfrica

El pasado mes de Septiembre, he tenido una de las experiencias más sorprendentes de mi vida. Ya en películas de Disney veía las sabanas, los animales salvajes etc… Y me imaginaba un día estar allí. Ese sueño se ha cumplido al visitar Sudáfrica, un país sorprendente pero con mucha magia. El 17 de Septiembre viajé a Johannesburgo vía Londres, una aventura que no la hice solo, me acompañaban mis cámaras de tv, Felix Carlos y Victor Manuel y cuatro protagonistas que iban a vivir una aventura que os puedo decir, jamás olvidarán! Ellos eran el cantante y empresario Frank Camelot, otro joven empresario residente en Marbella de origen Húngaro llamado Istvan Nagy y dos damas que comparten nombre, Paola Lamouini y Paola Barón.

El primer contratiempo comienza cuando el avión Malaga-Madrid sale con una hora y cuarto de retraso y por ende perdemos el de Londres-Johannesburgo, que además hay que añadir había que sacar maletas y cambiar de aeropuerto, en hora punta y con todo el mundo saliendo del trabajo, además de las 100 libras por taxi, bye bye avión… Nerviosismo hasta poder conseguir otro vuelo dos horas más tarde, pero RETO conseguido, salimos rumbo a Sudáfrica.

Despues de 11 horas de vuelo, llegamos a la ciudad que vio ganar a España su primer mundial de fútbol, y allí nos esperaban 8 horas en coche hasta llegar a nuestro destino en la comunidad de Selwane, entre las ciudades de Gravelotte y Palabowra. Llegamos al Lodge de la comunidad cuya sede es de la Fundación “Un Earth” que trabajan para ayudar a los más necesitados de esas zonas, proyectos que visitaremos en persona.

Somos recibidos por nuestra anfitriona especial con la que viviremos la aventura junto a nuestros protagonistas, la Princesa Cecile Auersperg, que tiene una exclusiva empresa de safaris a caballo llamado “Out In Africa Encounters”. Esta primera noche tendremos una cena de presentación junto al fuego y la comida preparada por un joven chef inmigrante de Zimbawe que cada noche nos sorprenderá con sus exquisitos platos, Charls, que es como le llamamos.

Después de un merecido descanso, al día siguiente nos llevan a vivir nuestro primer safari, preparados con nuestras cámaras, cantimploras y ropa para la ocasión, salimos con uno de los Jeeps rumbo a la zona del campamento de la empresa Out in Africa. Las sensaciones de andar en la sabana buscando animales es inexplicable, hay que sentirlo en el momento, pero el llegar al río, ver los hipopótamos respirando, los elefantes comiendo y aves que jamás veriamos en nuestra ciudad es una sensación de triunfo completo. Cada uno de los protagonistas vivían los momentos de manera especial, pero os puedo decir que también se veían en sus caras la magia de la sorpresa y de la emoción de ver los animales.

Después de este primer safari vino el almuerzo en el campamento al lado del río, un entorno precioso y mágico. A partir de aquí hubieron muchos momentos especiales de safaris y visitas a la sabana. Una cita ineludible fue el safari al Parque Kruger, uno de los más grandes e importantes del mundo. Durante seis horas recorrimos una gran parte de este parque que nos sorprendió al ver animales que sólo en tv o películas habíamos visto, búfalos, hienas, cebras, jirafas, elefantes, cocodrilos, impalas, un leopardo, y muchos más animales.

Al cuarto día, nos llevan al famoso Lodge, el lugar del relax y del descanso donde queríamos sentir la experiencia de hacer safaris a caballos y relajarnos. El lugar llamado Lodge Kondowe, está en medio de una reserva privada, donde hay animales en libertad pero no peligrosos, se podían ver Jirafas, cebras, impalas, y muchos más, podías estar desayunando o tomando un té y ver como las jirafas se acercaban a beber agua.

Sin embargo, la insistencia de los invitados especiales era montar a caballo. Después de la primera noche en el Lodge, nuestra anfitriona Cecile nos avisa que montar a caballo sin haberlo hecho antes es peligroso, incluso si se ha montado, también lo es, ya que es un entorno diferente y nunca se sabe que puede pasar. Por la mañana se dan unas pequeñas clases para aquellos que nunca o muy poco habían montado y se da un paseo a caballo por el entorno del Lodge. Sin embargo mi querido amigo Frank Camelot tenía mucha más gana de trotar y cabalgar a caballo, ya que durante años había montado, y se decide hacer una salida extra por la tarde solamente con él, a parte Cecile y otra de las chicas de la empresa de safaris a caballo, expertas en esa zona. Es aqui cuando se cambiará el rumbo del viaje. Mi equipo y yo decidimos acompañar a los tres, y en último momento también Paola Barón, el joven Istvan y Paola L. no nos acompañan. El equipo de Ramos Comunicaciones decide hacer unas tomas para el reportaje que estábamos grabando en el que cabalgaban por una camino entre la sabana Frank Camelot y las dos chicas. En la segunda toma es cuando ocurre la desgracia, Frank que venía a toda velocidad con el caballo, se desvía de la ruta y se mete entre dos árboles provocando que Frank se diera un gran golpe contra un árbol y cayera boca abajo en el suelo, nosotros que estábamos viendolo y los cámaras grabando, saltamos del jeep para ir a socorrerle, una escena que por respeto a mi amigo no voy a describir, sólo decir que fueron momentos de tensión y preocupación, hasta que vinieron los sanitarios. Fueron dos horas y media de espera, con Frank en el suelo, pero arropado por nosotros hasta el momento de su traslado al hospital. Durante la espera vinieron Istvan y Paola L. que también arroparon a nuestro amigo y compañero. El resultado del accidente, 5 costillas rotas, una pequeña perforación del pulmón y un corte en el cuello.

A partir de éste momento todo cambia, aunque queremos seguir con el programa, se hace difícil al tener a nuestro compañero en el hospital. Aún así, viviremos momentos muy especiales. Cada noche en el Lodge, es un momento de relax al lado del fuego, contando historias, tomando vino de Sudáfrica, recordando momentos vividos en los safaris, pero también decidimos tener alguna experiencia especial. Visitamos un centro de aventura y tirolinas en unas impresionantes cascadas en la montaña de la ciudad de Tzaneen. Los tres protagonistas, y mi equipo de cámaras pasamos unos momentos de subidón de adrenalina al tirarnos en unas larguísimas tirolinas a centenares de metros con unas vistas impresionantes. Fue un momento de descargar mucha de la presión que llevábamos en el cuerpo por todo lo que habíamos vivido, ya con la tranquilidad de saber que Frank se recuperaba en el hospital y de haberle hecho una visita, pudimos vivir a tope ésta experiencia.

Otro momento especial fue la visita al centro de Rehabilitación de Moholoholo, un lugar donde protegen, cuidan y sanan a animales que por enfermedad, accidente o cazadores furtivos tienen que ser atendidos hasta que vuelven a las reservas o sabanas. Pudimos ver muy cerca a animales como leones, leopardos, hienas, chitas, perros salvajes, un bebé hipopótamo, una jirafa jovencita, buitres, Águilas e innumerables animales, otra experiencia que nos hizo sentir Sudáfrica de manera muy especial.

Ya finalizando el viaje, llegó el momento de visitar las obras de la fundación “Un Earth”, y mientras Paola L. e Istvan se fueron a acompañar a nuestro amigo Frank al hospital para organizar la vuelta, Paola Barón, los cámaras y yo acompañamos a James, director de la fundación, durante un día completo. Por la mañana vamos a una reserva con dos jóvenes aprendices de guías de la comunidad a los que la fundación apoya y enseña para ser profesionales de turismo y de ésta manera poder tener un futuro en su vida, vivimos momentos emocionantes al analizar huellas de elefantes que acababan de pasar, o las heces de jirafas para ver cuánto tiempo hacía que habían pasado, y llegamos a ver una impresionante jirafa muerta víctima de un leopardo. Sin duda, la emoción de  explorar la sabana de ésta manera es algo que también hay que vivir. Por la tarde, después de almorzar, visitamos una guardería y un colegio, a los que le llevamos una maleta llena de regalos que Frank y Paola B. habían llevado para ellos. Aunque él no pudo estar, nosotros con toda ilusión y en su nombre hicimos entrega de ello viendo unas sonrisas que ningún dinero puede pagar, ver las caras de felicidad e ilusión al recibir los regalitos NO tiene precio.

Ya a la vuelta de éste día tuvimos un momento de película, en una gran roca en medio del río grabamos unas canciones que nos cantaron en directo unos voluntarios de la fundación, acompañados de la guitarra por el director de la fundación James.

De camino al Lodge de la fundación, encima de un puente pudimos contemplar una puesta de sol, que sólo a estos miles de kilómetros de Europa se puede ver…

Al día siguiente se decidió viajar a Johannesburgo dos días antes del vuelo de regreso junto a nuestro compañero Frank y todo el equipo para ver si el viaje de ocho horas lo soportaba bien y así tener una recuperación para viajar a España. Llegamos a Joahannesburgo muy bien a un hotel cinco estrellas llamado Radison Blue, donde pudimos relajarnos y recuperarnos para la vuelta. Frank se anima a salir de compras y todos contentos pudimos pasear por el famoso centro comercial Nelson Mandela. Después de tantos momentos de tensión y sufrimiento, angustia y preocupación pudimos disfrutar todos juntos de almuerzos y cenas tranquilos y todos juntos. Aunque Frank no pudo viajar el mismo día con nosotros, ya que necesitaba unos días más de recuperación, finalmente volvió a España y hoy se recupera de sus lesiones en su casa de Puerto Banús.

El balance que hago del viaje es en general positivo, es una experiencia única que he vivido con amigos de Marbella, agradezco las atenciones y preocupaciones de nuestra anfitriona Cecile Auersperg que también lo pasó muy mal, y hemos sentido el calor de la gente y la tierra africana. He aprendido la importancia de tener cuidado en los viajes fuera de España, ser prudentes e ir preparados por cualquier emergencia. He visto que ante las dificultades extremas también he podido tener la calma y mantener la compostura. Valoro el cariño de mis amigos y familia, y he aprendido que la vida pende de un hilo frágil que en cualquier momento se puede romper. Ver a los niños y la población más pobre me ayuda a apreciar lo que tengo y valorar la suerte que la vida me ha dado de tener la vida que tengo y también me ha encantado ver los animales, disfrutar de la sabana, del lujo de la tranquilidad en el Lodge y de haber formado parte del sentimiento sudafricano. Hakuna Matata!!

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